Buenos Aires, a los veintiocho días de mayo de dosmildoce
Mis queridos viajeros:
París mon Dieu! La ciudad del amor, de los enamorados, de los letrados hippies chic. La ciudad de las luces, los vinos espumantes, el queso brie, le croissant, la baguette, los artistas de la calle, la poesía de Baudelaire, el racionalismo de Decartes, las mujeres de Renoir y lo que mas hace de París a París, la Rue Chambon que vio nacer el accesorio mas emblemático y deseado de los dos últimos siglos: la Chanel 2.55
El día que arribaron a París casualmente yo rondaba por el punto mas parisino que nos ofrece nuestra ciudad, mi ciudad, bueno esta, acá, la que estoy yo. Ya casi que no creo en las casualidades creo que mas bien me suscito a caer en la figurita parecida a vuestros puntos de travesía, que con poco causa de casualidad coinciden. Siempre se dijo que Buenos Aires es la París de Latinoamerica, y no puedo negar ni en vista ni en historia que así un poco lo es. Desparramados por la ciudad tenemos algunas partes de lo que fue el pabellón argentino en la mágica muestra parisina que dio vida a lo que el Sr. Eiffel simplemente llamo torre. A ellos les quedo la torre y a nosotros el amor francés rasposo de patricio rey y sus podriditos de ricota.
La primera vez que fui a París era muy pequeña y recuerdo que lo que mas me llamo la atención fueron los terrones de azúcar. Tenia toda una teoría en torno a los terrones de azúcar, creía que si los comía iba a sentir menos el frió, por ende me llenaba los bolsillos del pequeño tapado color gris con terrones de azúcar que robaba del desayuno del hotel. Y los comía a lo largo del día. Ese viaje engorde unos 15 kilos si mal no recuerdo.
Un día salimos juntos a caminar con mi papa, los dos solos, y me compro un dumbo. Y por primera vez, después de tanto ruego, de tanto pedir, lo convencí que dejase por un rato sus versiones animadas comunistas para adentrarnos en la magia de disney versión europea. Mi papa dice que nunca va a olvidar mi expresión de felicidad cuando arribamos en aquel lugar. También recuerdo que fue su lado bolchevique el que nos hizo subir la torre por las delgadas escaleras que la bordean.
¿Y a ustedes como los trata la ciudad de Napoleon?. Les tendría que haber dado uno de esos besos que dejo marcados en papel higiénico para que dejen navegando por el Sena y así dejar la huella de la que hablo Cortazar.
Los extraño. Me gusta verlos. Los veo tan lindos.
Les dejo un beso, un te quiero y un cuidense mucho. Y como le dijo Humphrey Bogart a Ingrid Bergman "Siempre nos quedara París".
à bientôt!
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